Juicio hipotetico. Impunidad vs Juicio Publico

Desde A Coruña, para quien encuentre mis palabras y reflexiones perdidas en el mar de letras de internet.

Reflexionaba hace unos días sobre los momentos previos a la guerra civil española, la guerra y la dictadura.

Indicaba cuales eran las vías posibles de alcanzar el equilibrio de la justicia de este tiempo pasado. Señalaba mi desagrado personal ante la idea de desenterrar y lucir a los muertos, los torturados, los presos de ambos bandos y lo mantengo sin dudarlo. Indicaba que tal vez no sea grato para el tiempo presente el hacerlo.

También me refería a las actitudes deseables en los herederos ideológicos de ambos bandos..., aquellas que, sin restañar la sangre de las heridas, al menos permitían vislumbrar un cambio de actitud, augurar un futuro posiblemente mejor ante cualquier circunstancia adversa que pudiese surgir en el porvenir.

Independientemente de lo antedicho he de recordar nuestra intervención a través del mismo Juez B. Garzón, que ahora se sienta en el banquillo de los acusados, en la persecución del dictador chileno Augusto Pinochet, responsable del golpe de estado contra un régimen democrático y de una dictadura sangrienta que sembró de presos y cadáveres su país.

Nuestra intervención, inesperada para la ciudadanía en general, tuvo la entrada y salida digna ¿de un gran estado? No me atrevería a afirmarlo, pero quiero creerlo. En todo caso fue una salida airosa ante lo imprevisto para los ciudadanos de a pie. Simplemente no podíamos creérnoslo.

Nuestro papel como figura internacional de derecho, aunque se cuestionó, incluso y quizás muy particularmente, en este país, salió adelante.

¿No eramos quizás lo suficientemente importantes para permitirnos salir a la plaza pública del derecho internacional? La realidad nos demostró entonces que si y los apoyos internacionales que ahora mismo recibe el Juez, nos lo demuestran ahora.

Si podíamos. Lo hicimos. Quizás no del modo más elegante y digno, deteniéndolo en nuestro propio territorio, sino pasando la pelota a una justicia extranjera, la inglesa, que encontró una salida apenas airosa para escurrir el bulto de la vergüenza y asignarlo a la patria del imputado.

Quizás, de un modo u otro, fue un primer paso para liberar a Chile del miedo a exigir responsabilidades, así fuesen simbólicas y pusieron en evidencia la vergonzosa burla de la letra de la ley de un criminal. Expresaron su debilidad, desafortunadamente también la debilidad de los estados implicados, el miedo de los dirigentes políticos a romper la regla no escrita de impunidad de los ex-jefes de estado ¿Quizás para protegerse a si mismos en impensables futuros hipotéticos?

Así pues, nuestra justicia salio, aunque a duras penas, airosamente del reto. Pusimos coto al territorio del verdugo, que vio limitada su libertad a su propio suelo y a las puertas que su propia ley, la escurridiza diplomacia y el indigno interés le abrieron.

Por una vez plantamos pica no en territorio ajeno, sino en el territorio casi inexplorado del derecho internacional en su lucha contra los crímenes y abusos de los estados sobre sus ciudadanos.

Hoy he leído en el diario El País que, familiares de ejecutados y replesariados de la guerra civil española y la dictadura de Francisco Franco, residentes en Argentina, han presentado ante la Cámara Federal Argentina una querella por Genocidio y Crímenes contra la Humanidad durante la guerra civil española y la dictadura, apoyados y arropados por varias organizaciones argentinas de defensa de los derechos humanos.

Tal vez sea solo una nube de humo, una de tantas en el horizonte, pero ¿Podría ser quizás el principio del fin de la impunidad del poder de los Jefes y Ex-Jefes de Estado?

Quisiera creer que se podrá hacer tal cosa en paz y tranquilidad, que la palabra impunidad dejará de ser puerta cerrada que salvaguarda al poder tanto de la responsabilidad, como de la obligación de rectificar.

Quisiera creer que la palabra veto, dejará de ser un arma de poder absoluto, superior a la razón, al derecho y a la justicia al fin.

¿Que ocurrirá si la iniciativa Argentina prospera y la nuestra fracasa tan lamentablemente, tanto como para condenar a su promotor, acusado por los herederos ideológicos de los responsables, del simple acto de ejercer su labor y buscar ejercer la acción de la justicia?

Dejaría en evidencia a nuestra justicia en medio de la plaza pública del derecho internacional, como ya lo hicieron calladamente las largas décadas de silencio, aquellas en que hemos acallado las protestas de los que pedían la recuperación del equilibrio de la justicia, el fin de la impunidad y de la impresentable "legalidad" de las leyes de punto final.

Seguro que doctores tiene la ley para marcar los caminos rectos, si es que cualquier ley los tiene.. Yo solo soy una voz, un mensajero de mi opinión personal, tal vez el menos capacitado para indicar cual es el punto de equilibrio. Espero por su bien, el de la justicia y el nuestro que sepan hacerlo, ya sea para llegar a una conclusión o la contraria.

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