El valor de la palabra

Vivimos en el tiempo de la imagen, de la propaganda, de la comunicación global, las palabras vacías... Un mundo de máscaras espectaculares, coloridas, vacías...

Todo se mide en valor monetario, todo es rentable, o no. Vivimos en, por y para la la competencia del valor de las cosas, de las personas, de sus capacidades, de sus logros, de sus esfuerzos; por la simple razón de que todo se compra o se vende... ¿Piensas que es así?

La palabra, esa que se da, la que no se regala a diestro y siniestro, la que compromete ¿Cual es su valor?

Lealtad, valor de la palabra dada... Yo me quedo con la fiabilidada de la gente, con su compromiso pero ¿Es todavía un valor social? Pregunto, siempre pregunto... En política, en los negocios, en la vida privada... ¿Que tiene valor?

Una sociedad es fiable cuando sus individuos lo son, cualquiera que sea su posición en ella. Generar confianza no es una cuestión de márketing, de imagen. Los hechos, la constancia, el cumplimiento son los que dan fiabilidad. Solo la verdad, la excelencia, el cumplimiento de la palabra dada pondrán nuestro valor en alza.

La fe al fin, sin tintes religiosos, tan solo humanos; basada en la voluntad de seguir los caminos correctos, el buen hacer, el cumplimiento. La capacidad de inspirarla nos hará ganar respeto, ese que no se gana a través del poder, la autoridad; ese mismo que se gana con el conocimiento, la razón, la argumentación, los hechos...

La imagen social generada a través del crédito o descrédito basados únicamente en la capacidad de bombardear al ciudadano desde los medios, la propaganda institucional no me basta. Me quedo con mi espíritu crítico, mi escepticismo militante con dos manos vacías que no admiten dádivas.

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