La política y las buenas razones

Introducción.

Tomando prestadas palabras de la canción "Carne de cañón", del disco "Cuerpo a cuerpo", de L.E. Aute: "...la pasión, la razón, al final son solo carne de cañón...".

Sin duda una como otra son fuerza y argumento tras cada una de nuestras decisiones y actos. Ninguna de ellas por si sola es suficiente para alcanzar nuestras metas; en su justa medida ambas nos son necesarias.

Cuando la simple razón no es suficiente para avanzar en la dirección correcta la pasión nos lleva más allá de los límites que el egoísmo nos impone; nos eleva por encima de él, de la individualidad; nos devuelve a la sociedad, la humanidad; incluso nos impulsa a superarla para ver más allá del muro aparentemente infranqueable de la especie, para acercarnos a una concepción universal del ser, donde la inteligencia, la espiritualidad son la medida común que nos hermana incluso con el extraño biológicamente hablando.

Cuando la sola pasión nos aleja del camino correcto, la razón nos devuelve el equilibrio e impide que la fuerza primigenia que nos impulsa tome absoluto control de nuestros actos.

Este equilibrio resulta particularmente difícil en los momentos críticos de la formación de nuestra personalidad, pero nos acompaña, ya bajo mayor control, durante toda nuestra existencia. Es especialmente importante luchar por alcanzarlo en los momentos de crisis, cuando nuestro grupo social, nuestra nación, nuestro mundo, pasan por un momento de crisis. Cada instante es el resultado de una lucha de tendencias opuestas.

En tiempo presente, en política, en nuestra vida cotidiana me preocupa que, en ausencia de una ética personal que nos rija, faltos de principios firmes más allá de los colores políticos o religiosos de razón o fe, no sepamos ver y distinguir la dirección correcta.

¿Como formar criterio si cerramos los ojos a la razón, si nos negamos a escuchar sin prejuicios?¿De que nos sirve la fuerza de la pasión si la razón, desvirtuada por nuestra falta de criterio, nos desvia del camino correcto?

Aunque la lealtad es para mi un valor básico jamás me he sentido por ello obligado a negar la razón, el propio criterio, como guias sin las cuales no podría mirarme sin vergüenza al espejo. Quizás por este motivo me he negado siempre a cerrar las puertas del pensamiento encadenándome a una ideología y mucho menos a un dogma.

Aunque la pasión es en mi, como en tantos seres humanos, una fuerza poderosa que me impulsa, procuro moderarla para que no me domine.

Las ideas y no los nombres propios o las siglas son mi guia.

Núcleo.

Vivimos sin duda tiempos confusos pero, en medio del bombardeo de publicidad, retorica e información escasamente fiable que asalta nuestros sentidos, son todavía distinguibles las razones adecuadas, la coherencia. Se distingue lo deseable, lo factible, la realidad de los hechos presentes...

Palabras, hechos, personas, ideologías... ¿Debe guiar nuestro buen criterio, el culto a las siglas, las ideas o las personas?

Creo que antes que nada nos debemos lealtad a nosotros mismos, a nuestra propia razón. La pasión debe dar fuerza a nuestras decisiones, sin impedirnos cerrar lo que debe permanecer abierto, debemos preservar nuestra independencia de criterio.

No soy muy partidario del sistema de partidos tal como en este país está planteado y las normas que lo rigen; no creo en los liderazgos que pretenden crear culto a la personalidad; no creo en la razón que se detiene por creer alcanzadas las metas... Creo sin embargo que, independientemente de la capacidad de liderazgo personal de ciertos individuos, la razón y la coherencia se escuchan en algunos discursos políticos que destacan sobre el ruido de blanco.

Con espíritu crítico podemos tomar las decisiones correctas. Si nos equivocamos al valorar las razones expuestas, si pretenden engañarnos con aviesa intención o se equivocan podemos poner en tela de juicio a partidos y lideres. Las desviaciones de la ruta marcada sin base en la razón solo pueden llevarnos al error, a sufrir dolorosos engaños.

Podemos cambiar el rumbo de este país. Ningún cambio en las tendencias de voto, por drástico que parezca, es imposible. El poder del voto puede llevarnos por el buen camino, pero hemos de mantenernos vigilantes. Las palabras no son hechos y hechos son justamente lo que precisamos para corregir el rumbo. La confianza ciega es un lujo que no podemos permitirnos, particularmente en momentos de crisis.

Tu criterio, mi criterio, son la base que convierte en el día a día la democracia en un hecho a través de los votos que emitimos, de la implicación en el día a día de la sociedad civil, en nuestras propias vidas.

Conclusión.

¿Eres demócrata con todas las consecuencias?¿Te ciega la pasión por las siglas o el culto a la personalidad? Recupera el equilibrio; que nada ni nadie te impida ver, escuchar, emitir opinión o voto, rectificar... Eres unidad que se suma, la puerta de la razón permanente abierta. Eres la fuerza que mueve y cambia cuando es preciso. Puedes ser ciudadano, si tu quieres.

Más allá del concepto de frontera geográfica o política eres humano, tal vez en el futuro puedan tocar tus manos los límites abiertos que hoy solo alcanzas a intuir como posibles en tus sueños. Dispones de toda tu vida para aproximarte y aproximarnos a ellos tanto como permiten las limitaciones de la naturaleza humana.

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