Quemar las naves en una isla desierta

La política, el noble arte de guiar a la colectividad por el buen camino debe regenerarse o nosotros, como especie, debemos resignarnos a desaparecer en un camino de miseria donde, durante el viaje, nos alimentaremos de nuestras propias carnes de cuerpo social...

¿Donde queda el individuo? Sin duda es bien dificil sobrevivir cuando el motor que mantiene en marcha a la sociedad, la fuerza laboral, la inteligencia, son recursos despreciados en aras de la adquisición del vil metal.¿Vil? No por cuanto es, solo materia, sino por el modo en que su consecución, la de las metas de nuestro egoismo, es más importante que el respeto a la vida y la dignidad de nuestros congéneres... Al fin es solo un medio, la indignidad está en nosotros mismos.

Como individuo solo puedo preguntarme ¿Qué debo hacer?¿En qué puedo contribuir?¿Qué puedo esperar de la supuesta buena fe de mis semejantes?¿Que puedo esperar de mi propia naturaleza humana, de mi mismo...?

Al fin de tan largo y arduo camino que es la vida me pregunto si puedo basarme en algo más que la fe en este tiempo, donde el individuo, la sociedad, han decidido quemar sus naves en una isla desierta para no correr el riesgo de recuperar la cordura.

Ambos han perdido uno de sus bienes más valiosos, el anticuado concepto de la conciencia.

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