¿De verdad todo se hace siempre por una buena razón?

En el país de las maravillas, donde todo es perfecto, los cambios solo son cosméticos, para seguir las moda de cada nuevo ciclo... La apariencia está a salvo.

Crear nuevas leyes, reglamentos y normas no suele ser casi nunca el remedio de los problemas arraigados en los hechos de la vida cotidiana, en las costumbres y en el razonamiento social asentado que no ve motivos para cambiar su visión del mundo.

Recuerdo ahora mismo uno de tantos cambios normativos en un sector concreto, la educación, que ahora explicaré desde mi visión. Es un sector de tantos, pero creo que mi razonamiento es válido para muchos otros, en muchos momentos distintos a lo largo de nuestra historia. Que cada cual que lea estas lineas reflexione, revise su memoria y su experiencia personal y saque sus propias conclusiones.

Hace unos años alguna mente lúcida descubrió desde las altas esferas un problema, de todos conocido por largo tiempo, y automáticamente llamó a Houston para ver de solucionarlo: Nuestros libros de texto estaban desfasados... ¡Había que actualizarlos y evitar que el problema volviese a producirse de nuevo!

Se realizó un cambio en los temarios, en los contenidos y todos volvieron y volvimos a dormir una feliz siesta... Antes de apagar la luz, para asegurar que no volvería a ocurrir ningún problema se creo una norma que obliga a revisar los textos cada cuatro años, introducir los cambios pertinentes e invalidar los textos anteriores.

El efecto práctico:
Los libros no pueden heredarse, prestarse a los vecinos o entregarse a una organización benéfica local para que puedan ser usados por personas de bajos recursos que tienen dificultades para pagar los textos escolares de sus hijos.

¿Son los cambios de los textos siempre profundos, justificados y necesarios? En mi opinión no. Lo más común es que los cambios sean puramente cosméticos, para justificar la obligatoriedad del cambio, que obliga a las familias a comprar libros nuevos.

Las leyes y los responsables obligan un cambio que cuesta dinero a las familias, que bloquea el uso racional de los recursos, sin que exista a veces fundamento para ello.

La racionalidad no es la norma, aunque a veces sea la afortunada excepción.

Reflexiona y saca tus propias conclusiones.

3 comentarios:

El Periódico de El Prat dijo...

Lo de los libros de texto es solo una de tantos chanchullos que hay en España. El poder de las editoriales presiona al gobierno para que saque nuevos libros cada año.
Se dice que en Alemania hace 100 años que tiene el mismo libro y me parece que sus alumnos no están desfasados.

NI dijo...

Lo que delata este caso, como tantos otros, es una manera de hacer las cosas que va más allá de los hechos concretos que se describen.

Si hiciesemos lo que debemos nos organizariamos ante cada abuso, los juzgados estarian más saturados de asuntos realmente importantes para el diario vivir y nuestros politicos cuidarian mas de nuestros asuntos y menos de los suyos...

Las normas no deben hacerse para calentar sillas y llenar mas las arcas de quienes ya tienen mas de lo que precisan, tanto ellos como sus descendientes...

Gracias por tu comentario.

Cordial saludo

Domingo dijo...

Si actualizar los libros de texto sirviera para meter una Universidad española entre las 100 primeras del mundo, todavía, pero creo que los de arriba siguen confundiendo las prioridades. En Educación y en todo lo demás. No saben gestionar un país porque nunca han estirado una nómina hasta lo insoportable y porque llevan demasiados años pisando moqueta en vez de asfalto. Autismo político.